La senadora con licencia fue presentada como coordinadora estatal en Defensa de la Cuarta Transformación; su designación es un revés para la gobernadora Lorena Cuéllar y su apuesta por Alfonso Sánchez García.
Durante años, el poder en Tlaxcala pareció transmitirse de familia en familia. Este lunes, ese sistema se rompió.
La dirigencia nacional de Morena presentó este lunes a Ana Lilia Rivera Rivera, senadora con licencia, como coordinadora estatal en Defensa de la Cuarta Transformación y la Soberanía Nacional de cara al proceso electoral de 2027. Para Rivera Rivera, la decisión fue producto de la voluntad de «el gigante pueblo de Tlaxcala».
Pero el resultado tuvo también un perdedor: la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, quien tenía un favorito claro para sucederla, el alcalde con licencia de la capital, Alfonso Sánchez García.
A finales de 2025, Cuéllar Cisneros impulsó abiertamente a Sánchez García desde el gobierno del estado. Alrededor de esa apuesta se alinearon presidentes municipales, diputados locales, jueces y magistrados del Poder Judicial, además de la burocracia y los secretarios del gabinete estatal, en un respaldo que se hizo sin disimulo.
Dentro de la política local, esa insistencia para colocar a Sánchez García, revelaba un sistema construido por familias poderosas de la entidad, como los Sánchez, los Cisneros y los Ortiz, que buscaba mantener a uno de los suyos en la gubernatura para que ese entramado siguiera dando frutos.
Con la designación de Rivera Rivera, ese sistema se fracturó. Su nombramiento como coordinadora estatal de Morena para la gubernatura abre, en palabras de sus simpatizantes, una nueva era en la política tlaxcalteca.
La ausencia de Sánchez García en la presentación fue notoria. Mientras otros aspirantes al gobierno, como Carlos Augusto, Raymundo Vázquez y Salvador Santos Cedillo, estuvieron presentes, el alcalde con licencia no apareció junto a ellos. Su ausencia fue interpretada como una muestra de inconformidad con la definición encabezada por Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, aunque el resultado de la encuesta no se haya transparentado.
Para el lorenismo, el golpe fue duro.